El próximo 3 de Octubre, se presentará en el Ateneo de Madrid, Calle Pinar, nº 21, a las 22: 30, el libro, Casa junto al mar, de José Manuel Caballero Bonald. El acto será presentando por Pablo Méndez y Miguel Losada.
Casa junto al mar
Azulada por el nocturno oleaje,
entre el ocio lunar y la arena indolente,
la casa está viviendo, decorada de cenizas votivas,
hecha clamor de memorables días dichososo
palabra más bien, que ahora escribo en la sombra,
apoyando mi sueño en sus muros de solícitos brazos.
La casa está en el sur; es lo mismo que un cuerpo
ardoroso, registro de certeza embriagada,
donde estuvo mi vida, orillas de un emblema marino,
resonante de alegres impaciencias
o de ilusorias lágrimas que otros ojos cegaban.
Sus ventanas, a veces, están dando a mi nombre,
porque son todas ellas como bocas que acunan,
como labios que brillan bajo el furtivo pétalo del cielo,
aberturas que el mar vuelve sonoras
y en cuyo fondo habitan verdades como pechos,
palabras semejantes a manos que se juntan
o acaso esa tristeza que hay detrás del amor.
Recuerdo sus paredes, sus puertas de madera entrañable,
la verídica cal en cuyas lindes
se estaba congregando toda la luz de aquella casa,
sin poder ocultar cosa alguna por detrás de sus lienzos,
sin poder ser distinta a un cristal desnudado,
a un renglón transparente de tiempo sin edad.
Recuerdo también sus rincones más hondos y ocultos,
su razonada disposición de alegría,
la distribución de sus sueños con afán perdurable.
Todo allí se contagia de una idéntica vida,
y es para siempre su estación humana,
los ciclos de su fe, raíz de cuanto soy,
de todo lo que ordena mi palabra y sus márgenes:
las dudas con que erige sus muros la verdad,
los recuerdos que a veces son lo mismo que llagas,
el olvido, ese moho que corroe el rostro de la historia,
lo que está sin remedio convirtiéndose
en una misma forma de aprender a volver,
el miedo al desamor por donde sangra el mundo.
Sí, la casa es un cuerpo: mi corazón la mira,
la habita mi memoria; sé que está restaurándose
como la abdicación del mar en las orillas,
como las germinales herencias del verano,
y quizá sea posible que esta casa no pueda nunca envejecer,
no pueda cumplir nunca más tiempo que el de entonces,
porque sus habitantes son lo mismo que llamas
sin quemar, frágiles al aliento de la grieta más tenue,
y ellos están haciendo que las paredes vivan,
que los peldaños latan como olas,
que cada habitación respire y reproduzca
los irrepetibles y anónimos hechos de cada día.
Casa sin tiempo junto al mar, cumbre
sonora entre los astros, libre razón con muros,
criatura en donde acaban mis fronteras,
soy menos si me faltas,
tu paz rige mi vida y la hace humilde,
justifica mi espera tu paciencia,
bogas, persistes, reinas, como un ave en la noche,
acaso ya recibas el nombre de José.
Incluido en Casa junto al mar, de José Manuel Caballero Bonald, número 164 de la Colección Baños del Carmen.
martes, 23 de septiembre de 2008
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Presentación de Parece septiembre, de José María Milagro-Artieda
El próximo viernes, 19 de Septiembre, se presentará en la Librería Antígona de Zaragoza, Calle Pedro Cerbuna, nº 25, a las 20: 00 horas, la novela, Parece septiembre, de José María Milagro Artieda, la obra será presentada por Carlos Castán.
Selva selvaggia
Arrincona la luz nueva todo intento
de creer sus propuestas: no hay disculpa
para aquél que presuponga el comienzo
al modo ingenuo de un manso despertar,
una irisada profusión de sutilezas
que despliegan sus gracias, que silencian
el verbo desatado en el invierno.
Vuelan la selva mía multitud de desdichas,
bestezuelas de rumbo irregular,
comedoras de espectros, bien aladas
traiciones al sepulcro que las tuvo.
Otras crecen y reptan hacia arriba,
se entrometen al aire inofensivo de la lluvia,
son madeja extendida, muda flor de sí mismas,
pujan tanto en su afán que, cuando aciertan,
no hay pared que soporte sus insidias.
¿Y ese viento ofuscado, esa súbita ilusión
que me aleja del orden temeroso?
Puedo esperar clemencia de la
lenta, pausada, toda espeso cedazo,
de la más forzada brisa que me atrape,
pero no bromean los brotes decididos
en baile tan revuelto que incinera al tejer
y escalda el rostro, que desliza sus espinas
por el brazo desnudo y pinta estragos.
Paseo por los bordes de mí mismo,
por los vibrantes matorrales
de la tarde entre calima azul,
tiendo los ojos a un río que no fluye,
escucho su dorado crujir sobre guijarros
y me pesa un rumor sordo, una fronda recelosa
que, si advierte del fuego por venir,
es diluvio ella misma, cobra aspecto de fiera decidida,
me preserva de mí con tantos garfios
como lenguas piden que me adentre
en la verde maraña de sus días.
Poema incluido en el libro, Los cínifes versados, de José María Milagro-Artieda, número 117 de la Colección Baños del Carmen.
Selva selvaggia
Arrincona la luz nueva todo intento
de creer sus propuestas: no hay disculpa
para aquél que presuponga el comienzo
al modo ingenuo de un manso despertar,
una irisada profusión de sutilezas
que despliegan sus gracias, que silencian
el verbo desatado en el invierno.
Vuelan la selva mía multitud de desdichas,
bestezuelas de rumbo irregular,
comedoras de espectros, bien aladas
traiciones al sepulcro que las tuvo.
Otras crecen y reptan hacia arriba,
se entrometen al aire inofensivo de la lluvia,
son madeja extendida, muda flor de sí mismas,
pujan tanto en su afán que, cuando aciertan,
no hay pared que soporte sus insidias.
¿Y ese viento ofuscado, esa súbita ilusión
que me aleja del orden temeroso?
Puedo esperar clemencia de la
lenta, pausada, toda espeso cedazo,
de la más forzada brisa que me atrape,
pero no bromean los brotes decididos
en baile tan revuelto que incinera al tejer
y escalda el rostro, que desliza sus espinas
por el brazo desnudo y pinta estragos.
Paseo por los bordes de mí mismo,
por los vibrantes matorrales
de la tarde entre calima azul,
tiendo los ojos a un río que no fluye,
escucho su dorado crujir sobre guijarros
y me pesa un rumor sordo, una fronda recelosa
que, si advierte del fuego por venir,
es diluvio ella misma, cobra aspecto de fiera decidida,
me preserva de mí con tantos garfios
como lenguas piden que me adentre
en la verde maraña de sus días.
Poema incluido en el libro, Los cínifes versados, de José María Milagro-Artieda, número 117 de la Colección Baños del Carmen.
lunes, 18 de agosto de 2008
En recuerdo de Federico García Lorca
El próximo lunes 18 de agosto se cumplen 72 años del asesinato en Viznar de Federico García Lorca. Nuestro homenaje una vez más al que ya es el poeta más importante del siglo XX y nuestra admiración incondicional.
La aurora
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
Poema perteneciente al libro Poeta en Nueva York, número 121 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio.
La aurora
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
Poema perteneciente al libro Poeta en Nueva York, número 121 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio.
jueves, 17 de julio de 2008
Lectura de poemas de Alejandro Céspedes
El próximo viernes 18 de julio a las 20: 00 horas, Alejandro Céspedes ofrecerá una lectura de poemas en la Casa Museo Pérez Galdós, calle Cano, nº 2 y 6 de Las Palmas de Gran Canaria, será presentado por el poeta Pedro Flores.
XX
En tu arenal me agoto igual que una semilla.
Encallo en ti,
y tu nombre me invade
y me inunda la boca
y al querer pronunciarlo
se me enrosca en la lengua
y acabo por tragarme
ese recuerdo anfibio
que a tu sabor, de nuevo, me condena.
Incuido en Sobre andamios de humo, de Alejandro Céspedes. Número 153 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio
XX
En tu arenal me agoto igual que una semilla.
Encallo en ti,
y tu nombre me invade
y me inunda la boca
y al querer pronunciarlo
se me enrosca en la lengua
y acabo por tragarme
ese recuerdo anfibio
que a tu sabor, de nuevo, me condena.
Incuido en Sobre andamios de humo, de Alejandro Céspedes. Número 153 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio
miércoles, 2 de julio de 2008
Festival Vitruvio de poesía (Cierre del curso 2007-2008)

El próximo viernes, 4 de julio, celebraremos nuestro Festival Vitruvio de poesía, donde leerán poemas todos los autores que han publicado este curso un libro con nosotros y también una selección de autores que publicaron con anterioridad.
Lo haremos en la sala El Trovador, situada en la Calle San José, nº 3, en pleno barrio de las Letras, a las 19: 30 Horas.
El acto será presentado por Pablo Méndez.
Con este acto clausuramos un curso donde hemos disfrutado enormemente de la literatura, celebrando más de cincuenta recitales con la poesía siempre como gran protagonista.
miércoles, 18 de junio de 2008
Presentación de Un tiempo de adiós de José Luis Nieto Aranda
El próximo viernes, 20 de junio, se presentará en la Fundación Cencillo de Pineda, Calle Pisuerga, nº 3, a las 19: 30 horas, el libro, Un tiempo de adiós, de José Luis Nieto Aranda, que será presentado por el poeta Alejandro Céspedes.
Pablo luce experiencia
y me relata su separación, su huída
a Madrid, los amigos, las partidas de cartas….
Nada hay que dure por siempre, dice.
Y sabe que, al final, el tiempo es
un revoloteo nervioso de paloma asustadiza.
Yo no sé más.
O no quiero saberlo.
Y no le voy a decir a Pablo, por aquello
de ser mi jefe, que la nostalgia se pega a mí
como resina a la leña.
Y que el último revoloteo que recuerdo
fue el de tus párpados antes
de cerrar la puerta.
Un tiempo de adiós, de José Luis Nieto Aranda, número 155 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio
Pablo luce experiencia
y me relata su separación, su huída
a Madrid, los amigos, las partidas de cartas….
Nada hay que dure por siempre, dice.
Y sabe que, al final, el tiempo es
un revoloteo nervioso de paloma asustadiza.
Yo no sé más.
O no quiero saberlo.
Y no le voy a decir a Pablo, por aquello
de ser mi jefe, que la nostalgia se pega a mí
como resina a la leña.
Y que el último revoloteo que recuerdo
fue el de tus párpados antes
de cerrar la puerta.
Un tiempo de adiós, de José Luis Nieto Aranda, número 155 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio
lunes, 16 de junio de 2008
Presentación de Electra se quita el luto, de Sonia Fides
El próximo miércoles, 18 de Junio, se presentará en El Bandido doblemente armado, el libro, Electra se quita el luto, de Sonia Fides, que será presentado por la novelista, Carmen Posadas y leerá poemas, Mario Merlino, el acto será a las 20: 00 horas, en la calle Apodaca, nº 3.
La importancia de la masa ósea de los calendarios
La noche acababa de obtener su licenciatura como forense,
cuando las lechuzas
eternas amas de llaves de los atardeceres,
nos escoltaron
hasta la puerta de su consulta.
A primera vista no había ningún nuevo síntoma
que contribuyera a engrosar nuestro ya voluminoso expediente.
Desde el principio tuvimos la certeza
de que no sufriríamos las incómodas piruetas
que se experimentan durante un lavado de estómago.
Aquella madrugada huíamos de convertirnos
en una mala réplica de los poetas de la Generación Beat,
y le dábamos la bienvenida a cualquier simulacro de poema
con la misma actitud que adoptaría un drogadicto
rehabilitado en tiempo record.
Acostumbrados a que los encuentros rutinarios nunca
supusieran ningún tipo de peligro,
de pronto la noche hizo de nosotros
un apetecible experimento.
La luna se había convertido aquel mismo lunes
en el relevo generacional del Mariscal Pétain
y se obstinaba en provocarle infartos
a las extremidades superiores de las sombras,
con la firme intención de que todos los que suspirábamos
por ganarnos la vida siendo apátridas
no compareciéramos como una insulsa colección de niños mimados.
Quisimos permanecer a salvo,
en esa edad en la que aún te interesan las conversaciones
de los cerezos que esperan el fruto.
Pero una vez más nos falló la memoria
y no recordamos que hacía ya mucho tiempo
que Louis Malle le había puesto nombre a nuestra enfermedad
rodando en blanco y negro “Au revoir les enfants”.
Y aunque hubo tiempo suficiente para rectificar
no siempre se está listo para renegar de la amnesia
ni para asumir que nunca debimos
haber menospreciado
la importancia de la masa ósea de los calendarios.
Electra se quita el luto de Sonia Fides, número 157 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio.
La importancia de la masa ósea de los calendarios
La noche acababa de obtener su licenciatura como forense,
cuando las lechuzas
eternas amas de llaves de los atardeceres,
nos escoltaron
hasta la puerta de su consulta.
A primera vista no había ningún nuevo síntoma
que contribuyera a engrosar nuestro ya voluminoso expediente.
Desde el principio tuvimos la certeza
de que no sufriríamos las incómodas piruetas
que se experimentan durante un lavado de estómago.
Aquella madrugada huíamos de convertirnos
en una mala réplica de los poetas de la Generación Beat,
y le dábamos la bienvenida a cualquier simulacro de poema
con la misma actitud que adoptaría un drogadicto
rehabilitado en tiempo record.
Acostumbrados a que los encuentros rutinarios nunca
supusieran ningún tipo de peligro,
de pronto la noche hizo de nosotros
un apetecible experimento.
La luna se había convertido aquel mismo lunes
en el relevo generacional del Mariscal Pétain
y se obstinaba en provocarle infartos
a las extremidades superiores de las sombras,
con la firme intención de que todos los que suspirábamos
por ganarnos la vida siendo apátridas
no compareciéramos como una insulsa colección de niños mimados.
Quisimos permanecer a salvo,
en esa edad en la que aún te interesan las conversaciones
de los cerezos que esperan el fruto.
Pero una vez más nos falló la memoria
y no recordamos que hacía ya mucho tiempo
que Louis Malle le había puesto nombre a nuestra enfermedad
rodando en blanco y negro “Au revoir les enfants”.
Y aunque hubo tiempo suficiente para rectificar
no siempre se está listo para renegar de la amnesia
ni para asumir que nunca debimos
haber menospreciado
la importancia de la masa ósea de los calendarios.
Electra se quita el luto de Sonia Fides, número 157 de la Colección Baños del Carmen. Ediciones Vitruvio.
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